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El Fin De Todos Los Males

Capítulo 9

Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

...por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Seño, que juzga. Apocalipsis 18:8

Llegamos a Betsaida, un distrito capitalino cuyo nombre nunca me hizo sentido, pues no lo cruza ningún río ni colinda con el mar. Lo único que se me había ocurrido en aquel momento era ir a esconderme a Aguas Buenas en la casita de mi abuela. Así que salimos en carro público desde Betsaida con rumbo al pueblito de La Virgen de las Aguas Buenas. Por el camino la gente hablaba de los cataclismos que se sucedían alrededor del mundo. Tifones y huracanes, terremotos, volcanes, incendios forestales, tornados, sequías, epidemias. Que si el ébola, las vacas locas, la peste. Cada momento miraba a Jonatan y le hacía señas poniéndome disimuladamente el dedo sobre los labios. Lo último que necesitaba yo era que él se pusiera a predicar en la guagua.

---Por culpa de los sabatistas es que están pasando todas esas cosas ---decía uno.

---Esos son inventos de los políticos. Ellos siempre encuentran a quien echarle la culpa por su incompetencia. ¿Desde cuando se nos ha estado advirtiendo de todo lo que sucedería si seguíamos destruyendo el planeta? Hasta en películas salía. Y ahora, que está sucediendo, le echan la culpa a los sabatistas. Son como Hitler que le echaba la culpa a los Judíos ---decía otro.

---¿Qué? ¿Tú eres sabatista?

---No, no soy sabatista. Pero tampoco soy un idiota que se cree todo lo que dicen. Los ricos son los que han administrado el planeta desde que el mundo es mundo. Se lo han exprimido como una naranja; y ahora que solo queda el bagazo, buscan sobre quien cargar sus culpas. Y como son los que controlan la radio, la televisión, los partidos políticos, controlan la información, manipulan la historia, y le hacen creer a la gente lo que a ellos les conviene...

---Ya tú lo que estas hablando es mierda ---comento un tercero.

---No es mierda. Como fue que empezó la Revolución Francesa. Los ricos comenzaron a propagar chismes de los reyes entre los pobres, hasta que los hicieron creer que los reyes eran los causantes de todos sus males, y que librándose de ellos todo se solucionaría. Pero a los ricos no les importaban los pobres. A los nobles lo que les importaba era que el rey iba a hacerlos pagar impuestos, y la burguesía lo que quería era que no se le excluyera del gobierno por no tener títulos nobiliarios. Y después de la revolución, los pobres siguieron igual de jodidos. Ahora dicen que son los adventistas los causantes, y todo el mundo los está buscando como si fueran el enemigo público número uno. Pero, ¿saben qué? Después que acaben con los adventistas seguiremos jodidos. Entonces le echarán la culpa a los zurdos, a los negros, a los hispanos o a alguien más.

---Entonces tú crees que esa gente está en lo correcto, y que el resto del mundo no.

---Dicen que la democracia es la dictadura de la mayoría sobre la minoría. Y yo creo que la mayoría de la gente no tiene ni puta idea de que es lo qué quieren o qué es lo que les conviene; así que aquellos que tienen dinero les dicen qué querer y qué creer. Se lo meten por ojos y oídos, por la radio, la televisión, los periódicos... Come esto. Bebe esto otro. Vístete así. Vota por este...

---Tú lo que eres es un sabatista....

---Si me vuelves a decir sabatista te voy a dar una trompá.

---¡Ey! Sin peleas o los bajo a to' de la guagua ---replicó el conductor.

---Es verdad que los políticos son unos buscones. Pero esto no es cuestión de política, sino de religión. Y yo creo que sí es culpa de los sabatistas.

---La política y la religión siempre han tenido que ver una con la otra. Los gobiernos siempre han usado la religión para controlar a la gente. Que mejor control que el poder controlar la conciencia. Olvídense. Jódanse. Allá ustedes. Crean lo que les de la gana.

---Pues yo sigo creyendo que todo lo malo que está pasando es culpa de los sabatistas.

---Eso es lo que dicen los que defienden la ley dominical, pero si hubiera aquí un sabatista, ¿qué tú crees que diría?

Entonces Aura abrió su boca y dijo: ---¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando el día del sábado? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios sobre nosotros todo este mal, y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado?

Silencio total. Todas las miradas estaban puestas en nosotros. Hasta el conductor nos miraba por todos los espejos.

---Nos deja donde pueda ---dije. Y tan pronto el bus se detuvo, agarré a los niños y nos bajamos.

Aquel hombre que había estado argumentando con los demás se bajó también. El tipo estaba grande. Parecía luchador de la WWF.

---¿Ustedes son sabatistas?

Yo conteste que no, y los niño dijeron que sí. Yo me había preguntado que movía a unos padres a actuar tan absurdamente, a riesgo de que sus hijos quedaran solos en el mundo, solo por hablarle a otros palabras que de seguro ni les interesaba oír. Pero ahora me doy cuenta de que, como siempre, estaba juzgando desde un enfoque equivocado. Comparaba los padres de aquellos niños con los sectarios que cada rato aparecían en los periódicos cometiendo suicidios en masa o permitiendo que sus hijos fueran sexualmente abusados por sus lideres religiosos. Pero tales actos eran resultado de la ignorancia y la estupidez. Mas los cristianos, los que realmente lo eran, eran diferentes. Mientras que otros basaban su experiencia religiosa en las emociones y buscar ser conmovidos a la risa o al llanto por un buen predicador; Alberto, doña Marina, don Carmelo, mi propio hermano, Cecia, Luis, todos practicaban una religión que más bien era un hambre por saber cual era la voluntad de Dios, y por enseñar a otros lo que habían conocido. ¿Cómo es posible que leyendo una misma Biblia la gente obtenga resultados tan disímiles? Y aquellos niños... Aquellos niños eran tal cual sus padres. Había algo dentro de ellos que los impelía a hablar a otros. Yo nunca sentí lo mismo. Por eso no lo entendía.

Cada vez que veía una guagua acercarse trataba de hacerlos callar y que nos subiéramos a la misma. Luego, cuando comenzó a lloviznar y a soplar el viento, traté de convencerlos con que el mal tiempo nos sorprendería en la calle. Pero si ellos tenían hambre de hablar, aquel hombre tenía hambre de saber.

---No se preocupe, que yo escuché en las noticias que el huracán va a pasar al norte de la Isla.

Entonces el hombre comenzó a insistir en que lo acompañásemos a su casa. Nuevamente yo dije que no y los niños que sí. Yo no me confiaba del tipo, pero los niños habían tenido razón en la mañana cuando vieron la policía. Además que de haberme mantenido en mi postura, de seguro hubiera terminado yéndome solo a Aguas Buenas. Cuando finalmente accedí, aquel hombre comenzó a llamar personas por su teléfono celular y a invitarlos a su casa para esa noche. Yo, por mi parte, dejaba correr mi imaginación. Pensaba que clase de trampa nos estaría tendiendo. Caminamos unos quince minutos bajo la lluvia, así que llegamos empapados. La madre de aquel hombre rápido nos trajo toallas y se fue a buscar ropa seca que darnos.

---No se moleste que tan pronto escampe nos vamos ---le dije a la señora.

---Eso será mañana o pasado ---grito su esposo desde la sala---, porque el huracán bajó y acaban de decir que va a entrar por Cabo de Indias.

Fui a la sala donde estaba el padre de aquel hombre viendo las noticias. Estaban hablando de una virgen aparecida en Las Filipinas, la cual le dijo a quienes la vieron que en tres meses volvería y les daría la última revelación de su hijo Jesucristo. Luego hablaron de las huelga de obreros que se suscitaban por todo el mundo, algunas de las cuales habían terminado en motines y enfrentamientos entre trabajadores y la policía. En Cuba, a causa de la Ley de Restitución, o destitución, como la llamaban los pobres; la política pública del nuevo gobierno cubano que consistía en devolver propiedades confiscadas por el gobierno a sus "legítimos" herederos, desalojando a quienes hicieron uso de ellas durante la era comunista; la situación ya estaban a punto de convertirse en guerra civil. Entonces volvieron a hablar sobre el tiempo. La nueva trayectoria ponía el huracán pasando por todo el norte de la Isla. Pero como también un huracán se estaba acercando a las costas de Brasil, en el noticiero dedicaron más tiempo a hablar de cómo y por qué el huracán giraba al revés, que a hablar de noticias realmente importantes. En eso llegó uno de los amigos de aquel hombre. De los mismos que había llamado desde su teléfono celular tan pronto accedimos a ir con él.

---Bueno. Aquí traje los dóminos. Doña Margara, haga mucho café porque esta noche va a estar fría y bien mojá.

---Que tal un chocolatito caliente.

---Mejor aún.

Al ver como el día se hacía más inclemente, el joven que nos había traído comentó que mejor sería dejar para otro día lo que había pensado; y de inmediato Jonatan le rogó vehementemente que no lo hiciera. Que por el contrario llamara nuevamente a todos y les confirmara que aún los esperaba. Él hizo tal y como el niño le dijo. Tres personas más llegaron. Un muchacho con su novia, y otro cargando con tente en pies. Era obvio que ninguno sabía para que realmente los habían llamado. Pensaban que todo era para simplemente pasar la tormenta a la usanza criolla, comiendo, bebiendo y jugando dominó, contando chistes y anécdotas pasadas. Aquel hombre había llamado a aquellos de confianza. Pero tal parece que la novia de su amigo no estaba en esa lista. Así que llamó a su amigo aparte a la cocina y allí le dijo el verdadero motivo de aquella reunión. Al parecer su amigo lo convenció de que podían confiar en ella. Pero yo, que estaba pendiente de todo movimiento, me sentía bastante incomodo con todo aquello. Entonces se sintió un ligero temblor de tierra. Uno más fuerte lo siguió. Transcurrieron dos segundos, tres segundos, y la tierra seguía temblando. Cuatro segundos, cinco segundos, y temblaba más fuerte aun. Los gabinetes de la cocina parecían estar aplaudiendo, mientras los trastes chocaban unos con otros. Seis segundos. Pedazos del empañetado del techo comenzaron a caer, y todos salimos despavoridos de la casa sin importarnos la lluvia. Se escuchó un estruendo, como un trueno; y vimos como toda la ladera de una colina se deslizaba cuesta abajo, arrastrando las casas que en ella habían y las carreteras que las conectaban. Cuando cesó de temblar, todo había quedado a oscuras. Gabriel, como se llamaba aquel joven que nos había traído a su casa, entró corriendo y salió con una linterna. Uno de sus amigos buscó otra en su auto. El viejo, que se llamaba igual que el hijo, entró a la casa, agarró su capa y su linterna, y salió por la parte de atrás de la casa con un pico y una pala, caminando rumbo a la colina. Su hijo y los tres amigos de este, le siguieron. Le dije a los niños que se quedaran en la casa, y yo los seguí también. Conforme íbamos caminando, más personas se nos unía. Algunos no iban pero nos ofrecían herramientas, más la mayoría solo se quedaba en la puerta de sus casa viéndonos pasar y comentando que probablemente moriríamos también, pues aun seguían sintiéndose leves temblores. Tratábamos de encontrar sobrevivientes entre el fango y los escombros, procurando escuchar algún sonido. Y donde quiera que veíamos un perro olfateando, allí comenzábamos a excavar. Habíamos rescatado tres personas con vida cuando llegó la ayuda. Los bomberos, rescate y demás. Pero cuando vi llegar la policía, sentí que lo mejor era irme. Pero me perdí de camino a la casa, y solo llegué media hora o veinte minutos antes que el resto de los hombres. Y cuando llegué encontré que el grupo de los que habían quedado en la casa había aumentado con el que faltaba de los amigos de Gabriel, su esposa y sus dos hijas adolescentes. Él y su esposa eran los únicos que sí sabían para que habían sido llamados. Habían decidido quedarse en casa cuando Gabriel les llamó la segunda vez, gracias a la insistencia de Jonatan, y para convencerlos de que vinieran les había dicho la verdadera razón de la reunión. Fue entonces que decidieron venir. Sus hijas sin embargo, habían preferido quedarse en la casa, pero la electricidad se fue, y al ver que en el valle todavía había luz, cambiaron de idea. En el auto de camino, no sintieron el temblor en su verdadera magnitud. Mucho menos se hubieran podido imaginar que su casa había sido destruida. La mamá de Gabriel les contó lo sucedido cuando llegaron, pero entonces todo estaba oscuro, y en la ladera de la montaña solo se veían los puntos de luz de las linternas y lámparas de los rescatistas. Cuando llegué las mujeres habían salido a ver la montaña con las primeras luces de la mañana. Las niñas estaban tristes por su perro, más cuando regresaron los hombres lo traían consigo. Había sido uno de los perros que la gente había estado siguiendo mientras buscaban por sobrevivientes. Los niños dormían cuando llegué, y doña Margarita me ofreció que me diera un baño y me fuera a dormir. Y así lo hice. Cuando desperté como a las nueve de la mañana todos estaban en la sala escuchando a Jonatan que iba leyendo de la Biblia y explicando palabra por palabra las profecías de Daniel y Apocalipsis. Todo era como un rompecabezas que pieza a pieza tomaba forma. Una de las hijas del amigo de Gabriel preguntó acerca del rapto y del supuesto Cristo aparecido en el Tíbet tres meses atrás.

---La doctrina del rapto fue creada para tener una explicación de la profecía de los dos mil trescientos años de Daniel, diferente a la de William Miller. Porque, o admitían que William Miller tenía razón, o se inventaban algo para quitársela. Cristo Jesús no vendrá en secreto como alegan la mayoría de las iglesias protestantes, ni en un platillo volador, como decía el tal Maytreya; porque cuando Cristo venga todo ojo le verá. Como el relámpago que alumbra desde el oriente y se muestra hasta el occidente. No importa en que país usted esté, o en que dirección mire. Cuando Cristo venga todo ojo le verá, porque viene con todos los ángeles y hasta Dios el Padre viene con él. Y rodearán toda la tierra, y saturarán su atmósfera con su presencia; y todos los malos querrán que los montes y las peñas les caigan encima para que los escondan de la gloria de Dios.

---¿En dónde este niño guarda tanta información? ---pensaba---. Tiene que ser un genio.

Luego me daría cuenta que no era ningún genio. Solo era alguien lleno del poder de Dios, tal como pude haberlo sido yo si lo hubiera permitido.

Por una semanas permanecimos con Gabriel y su familia. Y hubieran querido que nos quedáramos más tiempo, pero alguien le habló a la policía. Afortunadamente la información les llegó un poco distorsionada y la policía fue a dar tres casas más abajo, justo en la casa de uno de los amigos de Gabriel. Los padres de este se las arreglaron para perder más a los policías, mientras el amigo de Gabriel nos puso en aviso. Salí con los niños por la parte de atrás de la casa y andamos un camino por el monte que nos conduciría a la carretera donde nos encontraríamos con Gabriel. Este nos llevaría en el auto de su amigo hasta Aguas Buenas. Al final de la vereda nos encontramos con más policías, así que seguimos andando por el monte, paralelo a la carretera hasta que Gabriel pasó y nos fuimos en auto el resto del camino. Llegando a Aguas Buena, nos encontramos con un bloqueo en la carretera que entra al pueblo. Nos dimos la vuelta y tomamos otro camino. Ese camino también había estado bloqueado, pero cuando íbamos las patrullas nos pasaron por el lado en dirección contraria. Llegamos a la casa de mi abuela ya cuando el sol comenzaba a ponerse. Era viernes así que Jonatan y Aura comenzaron a recibir el sábado dentro del auto. Esa fue la primera vez en muchos años que cerré mis ojos durante una oración.

Cuando entramos a la casa todo estaba en desorden. Alguien había entrado y rebuscado toda la casa. Entonces se apareció en la puerta la misma señora con quien había hablado la última vez que había estado por allí.

---¿Tu eres el nieto de doña Paula? ---me preguntó. Pero más que una pregunta era una declaración de que sabía quien yo era---. Ellos tumbaron la puerta, pero hice a mi esposo ponerla. Sino se llenaba to' esto de gallinas, rajieros y murciélagos.

La señora, así como se presentó, se dio la vuelta y se fue. Los niños y yo arreglamos las habitaciones lo mejor que pudimos. La casa no tenía electricidad, así que no nos quedó otra que acostarnos tan pronto la oscuridad no nos permitió movernos dentro de la casa sin tropezar con las paredes y los muebles. En la ausencia de todo sonido artificial, el canto de las ranas y los coquís sonaba como amplificado. A principios del pasado siglo, un barco cargado de caña proveniente de Puerto Rico, que iba en dirección a Hawai, se averió camino al Canal de Panamá, y terminó en nuestra isla. En ese barco llegaron las pequeñas ranitas cantoras. En Hawai las consideraron una plaga, pero aquí, tal vez por ser caribeños, nos acostumbramos a ellas muy fácilmente. Desde mi cuarto escuchaba los niños conversando en susurros.

---Son muchos.---- decía Aura.

---¿Los coquís?

---Sí.

---Es que ha estado lloviendo, y los coquís se ponen contentos cuando llueve.

---Pero allá también llovía y los coquís no cantaban.

---Porque esto es campo. En la ciudad los coquís no tiene mucho lugar en donde vivir.

---Quisiera ver un cucubano. Yo nunca he visto uno.

---En la tierra nueva los verás.

---Jonatan.

---¿Qué?

---Cuéntame otra vez como son los cucubanos.

Hubo una pausa, y entonces Jonatan respondió: ---Son brown y tienen dos puntitos en la espada que alumbran... Pero cuando está oscuro tú no los notas. Solo ves la luz. Una lucecita verde que flota lentamente en el aire. Y se apaga... y se enciende otra vez. Flotando de un lado a otro.

---¿Qué buscan?

---Yo no sé. Comida, supongo.

---¿Y qué comen los cucubanos?

---Yo no sé. Tal vez nadie sabe. Por eso es que ya no se ven.

Entonces entró flotando por el pasillo un cucubano y fue a parar justo sobre el mosquitero de los niños; y Aura dijo: ---Papa Dios si sabe.

En aquel instante sentí el deseo de orar, y oré por primera vez en muchos año. No había orado en años porque la última vez que oré no contestaste mi oración: "No permitas que Rafaelito muera."

Cuando desperté al día siguiente la vecina había traído desayuno y conversaba con los niños.

---Buenos días. Ahora mismo le traigo algo de comer ---me dijo la señora al verme.

---No se moleste ---le dije. Pero ella se fue a su casa a buscarme desayuno, sin prestar atención alguna a mi negativa---. ¿De qué hablaban? ---le pregunté a los niños.

---De la Biblia.

---No pueden seguir hablándole de la Biblia a todo el que ven. O van a hacer que nos atrape la policía.

La señora regresó con unos huevos revueltos y pan, y una taza de café.

---Espero que tú sí bebas café ---me dijo---. Yo conocí a tu abuela que en paz descanse. Muy buena católica. Mejor de lo que yo nunca seré. Sabe... Yo me cace muy niña y mi esposo, que era soldado colombiano, murió en la Guerra de Corea, y yo quedé loca. Por cuatro años me tuvieron en un manicomio. Nadie en mi familia se preocupó. Fue tu abuela quién cuidó a mis tres hijos como si fueran de ella esos cuatro años. También conozco a tu mamá. Claro que sí. Muy buena persona. Tal y como lo fue tu abuela. La gente no puede portarse como tu mamá siempre se portó conmigo y ser mala persona. La gente mala se porta mal. La gente buena se porta bien. Como dice la Biblia; el árbol bueno da frutos buenos. Yo no creo que tu mamá, o estos angelitos sean culpables de todo lo malo que está pasando. Y aunque fueran gente mala. Dios no castiga al inocente junto con el malo. Cuando Dios mandó las plagas sobre Egipto, ¿no estaba los egipcios en tinieblas y los israelitas tenían luz? Por mi ustedes pueden quedarse aquí todo el tiempo que quieran, que yo no le diría a nadie. Pero ellos vienen a cada rato a ver.

---¿Quién?

---Policías y otra gente. Ellos no saben donde está tu mamá. Yo no les dije. Por eso es que creen que está cerca y que va a volver a la casa. Y esperan atraparla un día de estos. Al principio estaban vigilando día y noche...

---¿Usted sabe dónde está mami?

---Bueno, el lugar exacto yo no lo sé. Pero si sé que fueron pa' Santiago.

Inmediatamente pensé en la casa de Luis. Tal vez todos estaban juntos escondidos en algún lugar en Santiago. Seguramente la casa de Luis estaría sujeta al mismo monitoreo que la casa de mi abuela, pero me pareció que habían más posibilidades de encontrar a Luis o a mi madre si iba a Santiago.

Empacamos cuanto encontramos en la casa que nos pudiera servir. No mucho, pues el camino era largo. Solo las frazadas más gruesas que conseguí, envueltas en bolsas para la basura. Un cambio de ropa para los niños que la vecina nos regaló, y unas baterías para un radiecito que habíamos encontrado en la casa. El día anterior, las hijas del amigo de Gabriel habían vestido a Aura con ropa de niño y escondido su cabello dentro de una gorra. Después se les había ocurrido que sería bueno pintarle el pelo a la niña. Así que me había dado un tinte para el cabello. Pero me pareció que vestir a Aura como un varón era suficiente; y decidí mejor usar el tinte en mí mismo. A Aura le corté el cabello no fuera que en algún momento perdiera la gorra. Me quedó bastante bien su recorté. Pero en cuanto a mi cabello, quedó algo verdoso. Tremendo disfraz. Ahora si que pasaría de incógnito con mi pelo verde. Caminamos hasta la carretera principal y allí tomamos un autobús hacia el pueblo. Ya en Santiago tuvimos que caminar otro tanto hasta la casa de Luis. El mismo vecino con quien hablara la última vez que fui por allí, estaba sentado en su balcón.

---Buenas tardes ---le dije, mientras Aura le decía adiós con la mano. Pero él no respondió. Solo nos siguió con la mirada. Note que tan pronto doblamos en la curva se levantó y entró a la casa.

En cuanto a la casa de Luis, habían hecho con ella lo mismo que con la casa de mi abuela. Solamente que esta vez nadie se preocupó por arreglar la puerta. Había hasta una cabra adentro de la casa. Levanté una foto del suelo, en la cual estaba Yamileth con los niños, y sentí que debíamos salir de allí. Me escondí con los niños en la maleza; y efectivamente, el vecino había llamado la policía, que no tardó en llegar. Nos fuimos cruzando entre fincas y monte; y pasamos la noche debajo de un puente. Nos comimos lo último que teníamos y nos acostamos a dormir.

Los niños se despertaron primero que yo. Estaban escuchando el pequeño radio.

---¡Ey! Suave con el radio, que se agota la batería.

---Están dando una noticia ---me respondió Aura.

---Yo voy a ver si consigo algo de comer. No creo que nadie vaya a venir por aquí. Pero si acaso ven venir a alguien escóndanse. No se pongan a predicarle a nadie.

---Ya es muy tarde para predicar ---replicó Jonatan.

¿Tarde para predicar? Son las seis y media de la mañana, pensé. No le quise dar importancia a sus palabras. Pero como que volvían una y otra vez a mi mente.

---¿Cómo que ya es muy tarde para predicar?

Jonatan se acercó con el radio y escuché lo que decían.

---Se sospecha de un ataque terrorista, pero hasta ahora nadie se ha responsabilizado por ataque alguno. Tenemos a Raúl Cáceres con el Secretario de Salud, Adelante Raúl.

---Si. Tengo junto a mi al doctor Oracio Fuentes, secretario de salud con un anuncio importante.

---Buenos días, y gracias por la oportunidad. Hace apenas una hora, a causa de lo que han nombrado como gripe del Vaticano o Vatican Flu, el gobierno federal a cerrado la entrada a todo vuelo proveniente de Italia para evitar la propagación, o mejor dicho, prevenir la entrada de dicha enfermedad al país.

---Y que con aquellos vuelos que ya se encuentran llegando...

---Bueno, ya eso sería una pregunta para el secretario de puertos. Yo no creo existan vuelo directos desde Italia. Creo que toda vuelo proveniente de Italia hace escala en España, cuando menos. Lo que sí sé es que se ha preparado lugar donde poner en cuarentena personas provenientes de Italia mientras se determina si han estado en contacto con esta enfermedad. Así que todas aquellas personas que tengan algún familiar de vacaciones en Italia, deben comprender que van a demorarse más de lo previsto en regresar. Pues ya sea en España, o donde sea que hagan escala van a ser puestos en cuarentena.

---Señor secretario... Después de que el presidente de los Estados Unidos y otros líderes de distintos países, cantaran victoria sobre el terrorismo y pronosticaran paz y seguridad, y encontrarnos ahora presenciando, quizás el atentando con armas químicas más grande de la historia, no le parece a usted...

---Seamos un poco más responsables con nuestros comentario...

---Pero, no le parece...

---Existe la posibilidad de que esto sea producto de un agente químico, pero es solo una posibilidad. No podemos comenzar a asumir que es obra de algún grupo terrorista. Todas las posibilidades están siendo debidamente investigadas. Yo no soy secretario de defensa, ni trabajo en la INTERPOL. Así que no puedo abundar mucho en ese aspecto. Solo soy secretario de salud, y de eso le puedo hablar.

---Pues díganos entonces cómo se ha preparado el país para lidiar con esta situación. Si es que estamos preparado.

---Nuestra función en el Departamento de Salud va más allá del tratamiento de enfermedades. La educación del público es esencial. Pues mejor es prevenir que remediar. Para eso estamos hoy aquí. Para educar al pueblo. No para asustarlos y fomentar el caos donde no lo hay. Como ya deben saber, hace unas dieciocho horas se reportaron los primeros casos de esta enfermedad en Roma. Un grupo de turistas que había estado visitando la ciudad del Vaticano. Durante esas dieciocho horas la enfermedad se esparció por toda la ciudad. En este momento el gobierno italiano a aislado la capital. Solo personal autorizado puede entrar y salir de Roma. Así que como ven ya el gobierno italiano tiene la situación controlada. Lo que estamos haciendo al cerrar nuestro espacio aéreo a todo vuelo proveniente de Italia es simplemente una medida preventiva, en lo que se descubre la causa de esta enfermedad y como tratarla. Hasta este momento nadie ha muerto a causa de esta enfermedad. La misma solo produce fiebre, dolor en las coyunturas, ulceras en la piel, y en algunos casos nauseas y vómitos. Síntomas para los cuales la medicina moderna cuenta con medicamentos de más para tratarlos. Así que no hay razón para alarma. Roma está al otro lado del planeta, y todo un océano nos separa de Europa...

Apagué el radio y le pregunté a Jonatan que tenía que ver aquella noticia con que ya fuera muy tarde para predicar.

---Son las siete plagas ---me dijo---. El tiempo de la gracia se acabó.

---Eso es solo unas cuantas personas con gripe lo más seguro. Los periodistas son unos sensacionalistas. Meterle miedo a la gente aumenta la audiencia. Yo me voy. Quédense aquí escondidos.

---No te vayas ---me rogó Aura.

---Necesitamos de comer, y ropa nueva, y baterías para que tu hermano pueda seguir escuchando las noticias.

---El Señor nos proveerá de todo lo que nos haga falta. Debemos permanecer escondidos ---respondió su hermano.

---¿Qué pasa con ustedes? Primero no dejaban de hablarle a cuanto extraño se nos cruzara por más miedo que trataba de meterles. Y ahora están más asustados...

---Yo no tengo miedo ---dijo la niña.

---Pues si no tienen miedo, dejen ya de argumentar tanto. Volveré lo más rápido que pueda.

Me tomó dos horas y media llegar al pueblo. Y otra hora encontrar un lugar donde poder hacer negocios. Una casa de empeños. Cuando entré el hombre que allí estaba veía las noticias.

---¿Ves eso? Ya hay treinta muertos en Roma. Y se han identificado casos en otras ciudades de Italia y hasta en el sur de Francia. Te salen un montón de yagas por to' el cuerpo. Asqueroso. Ya no le llaman el Vatican Flu. Ahora es el Mediterranean Flu. Ya mismo alguien se va a desesperar y va a comenzar a lanzar misiles y empieza la tercera guerra mundial. Bueno, dígame usted, ¿en qué puedo servirle?

---Quisiera ver cuanto me puede dar por este reloj.

---¡Mmm! Este es de los buenos. Te puedo dar quinientos.

---Me costo mil doscientos dólares.

---Quinientos, papá. No pare más.

---¿Pueden ser en cash?

---¿En cash? ¿Qué, te los piensas meter en droga?

---No. No son para droga.

---¿Y para qué otra cosa puedes necesitar dinero en efectivo? Yo soy del campo, pero no me mamo el deo. ¿No es roba'o el reloj este?

---¿No le acabo de decir que pagué mil doscientos?

---Bueno mijo. Yo no tengo cash. ¿Qué es? ¿Tú no ves las noticias? Los bancos están recogiendo todo el dinero. Han dado tres meses para que la gente deposite en los bancos el dinero en efectivo que tengan. Yo lo único que tengo son unos pocos billetes que guardé, pues tal vez algún día valgan algo como artículos de colección.

Salí de aquel lugar con veintidós dólares, un reloj que valía menos que eso, dos paquetes de doce baterías doble "A", y una enorme mochila con un montón de equipo para acampar, que nunca llegué ni a ver, pues cuando regresaba me encontré con la policía, y tuve que soltar la mochila y salir corriendo. Cuando finalmente regresé a donde los niños, como a eso de las tres de la tarde no había traído ni comida, ni ropas. Solo las baterías y veintidós dólares que nunca usaría. Yo estaba cansado y hambriento, y los niños estaban lo más bien. Habían encontrado guineos y otra frutas en los alrededores. Me dio gran trabajo reconocerlo, pero finalmente lo acepté. Debía dejar de ser tan cabeziduro y comenzar a aceptar consejos. Así fueran de un niño de once años y una niña de seis.

Capítulo 10

Esto no es una publicación oficial de la Iglesia Adventista de Séptimo Día, ni pretende representar el sentir oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ni de ninguna otra organización religiosa. Todo el contenido es responsabilidad del autor; Víctor M. Monsanto Ortega.

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