Make your own free website on Tripod.com

El Fin De Todos Los Males

Capítulo 3

Índice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

Vosotros, en cuyo corazón existe el anhelo de algo mejor que cuanto este mundo pueda dar, reconoced en este deseo la voz de Dios que habla a vuestras almas.

El Camino a Cristo, Capítulo 3, Párrafo 15.

Un día escuché a alguien decir que de no haber sido por la puñalada, Ramón le hubiera arrancado la cabeza a Papaíto. Pero no creo que Ramón había tenido intención alguna de pelearse con Papaíto. Ni siquiera se preocupó por soltar la Biblia y dejar sus manos libres. Cuando oí decir que la mano derecha de Ramón se le había quedado paralizada de tal manera que su Biblia quedaba perfectamente segura en ella, siendo lo único que él sujetaba, tampoco lo creí, hasta que Luis me lo demostró una tarde. Ver para creer. Ese era yo.

El Terrible había controlado el caserío por casi nueve años. Pero él mismo estaba sujeto a alguien más; un tipo al que llamaban el Don. Un individuo cuya historia desconozco, pero que por alguna razón el hermano de Luis, al igual que todos los que habían estado antes de él, le pagaba una renta. Yo solo sé que el individuo conseguía los kilos, o al menos tenía los contactos para conseguirlos. Pero cuando el Terrible se agregó aquellos tres caseríos, el tal Don no pudo o no quiso suplir mayor cantidad de material para vender en los nuevos territorios, sin embargo pretendió cobrar renta por ellos. Luis Raúl siempre trató aquel hombre con respeto. Pero aquel hombre confundió el respeto con el temor. La primera vez que se trató el asunto, el Terrible pensó que todo había quedado claro. Pero al mes siguiente, cuando un enviado vino a cobrar, le reclamó que faltaba la renta de los otros tres caseríos. El enviado llamó a su jefe, quien amenazó al Terrible por el teléfono. Este simplemente cerró el aparato, se lo devolvió al individuo y le dijo: "Dígale a su jefe, que si tiene los cojones tan grandes como la boca, que haga como ha dicho." Los tiroteos comenzaron nuevamente.

Ya para aquel entonces las historias del Terrible habían relegado las de Ramón al olvido. La más notable había ocurrido poco después de la muerte de su madre. El hermano que se había echado los cargos por lanzar a Papaíto desde el piso quince, fue muerto a puñaladas en la cárcel. Cuando el Terrible supo quién había sido, se entregó a la policía. Fue preso, pero no a la misma cárcel del asesino de su hermano, como él había esperado. Así que, haciéndose el enfermo, logró escapar de la cárcel disfrazado de enfermera. Aunque era un tipo meticuloso y calculador, en ocasiones actuaba impulsivamente y hacía cosas de loco. Luis era quien lo mantenía con los pies sobre la tierra cuando veía que las pasiones lo dominaban. El Terrible confiaba en sus hermanos y en algunos del caserío que conocía de toda la vida. Pero queriendo proteger a sus hermanos de riesgos, él personalmente hacía todo aquello que fuera peligroso y que no podía confiársele a cualquiera. Entre los pocos fuera del círculo familiar en quienes confiaba estaba Ismael Movai Masamang. Un tipo que se graduó de la universidad con un diploma en artes de la educación con concentración en ciencias a finales del siglo pasado; y quien, a pesar de que cada semana salían en los periódicos noticias señalando una gran escasez de maestro, nunca recibió respuesta del Ministerio de Educación.

"El que tiene padrino se bautiza ---decía---, Hay quien tiene palas, y hay quien tiene Caterpillar. En este país lo que domina es el nepotismo y el amiguismo. Yo, no tengo a nadie, ni conozco a nadie." Ismael siempre fue un tipo pesimista. Vivía echándole a la humanidad la culpa de todos sus males. Aunque sus ideas no estaban muy lejos de la realidad. La verdad es que la vida no le debe nada a nadie. Como a los tres años después de haberse graduado, salió a relucir que el Ministro de Educación se había estado robando millones del Ministerio. Para ese entonces Maelo era gerente de la pizzería donde Luis trabajara como repartidor. Y donde ganaba más de lo que le llegaron a ofrecer por enseñar en escuelas privadas. Como Ismael no tenía carro cuando recién se graduó, en una ocasión, uno de los hermanos de Luis le dio un aventón hasta una academia en la cual le ofrecieron una entrevista de empleo. El salario era tan poco que rayaba en la falta de respeto. Y la escuela estaba tan lejos y tan apartada de la civilización que el hermano de Luis le dijo: "Si tú te vienes a trabajar hasta acá, yo te hago una estatua en el caserío." Ese fue su último intento por ser maestro. Catorce años después, cuando el territorio se expandió, el Terrible encontró nuevos proveedores que le vendían el opio y la cocaína pura, pero los hermanos se vieron con el problema de que ninguno sabía como mezclar la droga que ahora les venía directo desde el extranjero. Así que le hicieron la invitación a Ismael para que trabajara con ellos, pues era la única persona que ellos conocían que sabía algo de química. Aunque la realidad es que no hace falta un bachillerato para aprender el proceso. Ismael mismo aprendió viendo películas. Sí. Hollywood produce mucho material educativo para el delincuente moderno. Luis, que velaba por los asuntos administrativos del negocio, aprendió todos los trucos del Químico Loco, como comenzaron a llamar a Ismael. Entre los dos le pusieron nombres a la mercancía. A la heroína le llamaban "hijo’er diablo" y a la cocaína "Capulina". La heroína era tan pura que los adictos no necesitaban inyectársela, les bastaba con fumarla. Cada uno de los puntos vendía unos dos kilos de cocaína a la semana; y habían dos o tres puntos en cada caserío. El problema no era vender lo que tenían sino tener para vender.

Muchos habían dicho que a los Estados Unidos le sucedería en Irak lo mismo que a los rusos en Afganistán. Un día la guerra había acabado, y los Estados Unidos seguía siendo la única súper potencia. Aunque los efectos en la clase media y los pobres se sintieron, la verdad es que las fuerzas detrás de los gobiernos del mundo terminaron la guerra con mucho más riquezas que cuando la empezaron. Los Estados Unidos salieron de Irak (aunque se puede decir que aún están allí), y a la "guerra contra el terrorismo" alguien le añadió la palabra "narco", y tanto el gobierno como la opinión pública alrededor del mundo comenzaron a enfocarse más en lo que Pablo Escobar llamara "la bomba atómica del tercer mundo," la droga. Y esta comenzó a ser cada vez más cara, más escasa, y más difícil de conseguir. Estados Unidos aumentó su aporte económico y tecnológico a este fin. Cada vez resultaba más fácil detectar campamentos de guerrillas en la espesura de la selva, donde un misil de fabricación estadounidense lanzado desde altamar llegaba sin problema; y las bombas incendiarias caían sobre los sembradíos de coca con más frecuencia que la lluvia. Los grandes carteles eran cosa del pasado. Y al final solo quedaban pequeñas bandas escondidas en la selva. Algunos trataron de mudarse al África y reconstruir sus imperios allí, pero no les funcionó. En Afganistán, el contrabando de opio ya no solo era prohibido por la ley, sino que el gobierno de ese país ya contaba con mejores medios para hacer cumplir la ley. Pero sobre todo, la nueva prédica de los líderes religiosos en Medio Oriente, en contra de los vicios, tuvo un gran efecto. Unos diez o quince años atrás, quienes cultivaban opio pensaban que no era pecado hacerlo siempre y cuando los que lo consumieran fueran cristianos y no musulmanes. Pero en los últimos años, la prédica en el mundo islámico se había movido del fomentar el aislarse de los cristianos y demás religiones, a evangelizarlos. Después de todo el islamismo era la religión de mayor crecimiento en el mundo.

Un día el Terrible le habló a Luis de una transacción que había pautado. Transacción que a Luis le pareció demasiado buena para ser verdad.

---Eso es mucho material ---le dijo---. Nadie consigue esa cantidad de droga estos días. Esos tienen que ser federales.

Luis Raúl ya había llegado a la misma conclusión, pero había perdido su principal proveedor, y los otros, simplemente no daba abasto. La noche siguiente cuando el Terrible bajó disfrazado con una peluca de cabello castaño oscuro, amarrada en una larga cola de caballo, y el dinero para la compra, lo paró Quique "El Eléctrico". Uno de esos pocos amigos de muchos años en los cuales él confiaba.

--- ¡Ey! ¡Indio! Ya averigüé dónde es que vive el Don ---le dijo.

---Tengo un negocio ahora mismo ---le respondió el Terrible---. Pero bregamos ese asunto tan pronto regrese.--- Cuando salió, Luis lo estaba esperando en la entrada del edificio con la intención de acompañarlo. El tiempo apremiaba y Luis no aceptó un no por respuesta. Estaba cayendo un aguacero descomunal con truenos y relámpagos a causa de un huracán que estaba pasando al norte de la isla en pleno diciembre. El Terrible se montó en el auto. Uno enorme de ocho cilindros, que había mandado a blindar con paneles de acero de un cuarto de pulgada en puertas, techo y bonete. Lo encendió sin abrirle la puerta a Luis, pues había resuelto arrancar e irse sin dejar que se subiera. Luis lo miró desde afuera ensopado por la lluvia. Y tomando una de esas decisiones a lo "salga el tiro por donde salga", le quitó el seguro a la puerta y lo dejó entrar. No hablaron mucho por el camino. Solo comentó que el segundo nivel de uno de los estacionamientos de la Plaza Comercial era el lugar acordado. El Terrible ya había recibido una descripción del automóvil en que lo estarían esperando los vendedores, y él a su vez les había dado una descripción del vehículo en que iría. Al llegar al sitio el Terrible identificó el Lincoln negro estacionado a la derecha. Se metió en reversa en un espacio justo adelante, de manera que los autos quedaron frente a frente. Cuando se hubo estacionado le ordenó a Luis que no se quitara el cinturón. En el otro auto encendieron y apagaron las luces dos veces. El Terrible se volteó hacia el asiento trasero, y agarró el bulto con el dinero y un rifle de asalto M4.

---Si se bajan del carro y me disparan usa esto, y vete sin esperar por mí. Pon tu pie en el freno ---le ordenó. Y cuando Luis lo hubo hecho puso el auto en drive. ---Y si me disparan sin bajarse del carro acelera y mételes con la guagua, y entonces vete. Y si tienes que pasarme por encima hazlo, que después de muerto uno no siente un carajo.--- El Terrible salió del vehículo y comenzó a caminar hacia el otro auto. El estacionamiento estaba bastante lleno a pesar del mal tiempo. Alguien comenzó a salir del otro auto cuando un tercer auto de color azul claro se lanzó sobre el Terrible para arroyarlo. El Terrible saltó sobre el auto rodando por sobre el parabrisas y la capota, cayendo en el pavimento. Luis aceleró la guagua y arremetió contra el auto negro. Soltando su cinturón se movió hacia el asiento del conductor para ver si veía a su hermano, y este salió como un resorte por el mismo lado.

---Ruédate ---le dijo, y agarrando el rifle de asalto disparó todos los treinta tiros sobre el Lincoln. Le cambió el cargador al rifle y salieron tras el automóvil azul pero no lo alcanzaron. De regreso al caserío Luis le preguntó a su hermano si estaba bien.

---Lo que necesito es dormir un poco ---le contestó---. Tú vete y haz lo mismo. Ambos se bajaron del auto. La lluvia aun seguía. Luis subió para su casa, pero su hermano solo hizo como que se iría a dormir, y tan pronto Luis dobló la esquina llamó a Quique, que estaba con los vendedores en el recibidor del edificio refugiándose de la lluvia, y siguió caminando hacia un Chevi Nova forrado de parches de bondo; uno de aquellos carros con los baúles repletos de armas. Quique salió tras él.

--- ¿Qué pasa caballo? ---le dijo.

---Nada. A ver si acabamos con esta guerra pendeja hoy.

--- ¿Cabe otro? ---le preguntó Quique.

---Móntate ---le dijo el Terrible a la misma vez que hacía el gesto con su cabeza. Quique había servido tres años en el ejército. De sus tres años en el ejército sirvió seis meses en Afganistán, un año en Irak, y nueve meses preso por golpear a un sargento. Dado de baja deshonorable. No es que fuera un tipo irresponsable, pero si era distraído como él solo. Todo se le olvidaba. Y pocas veces terminaba lo que empezaba. Tampoco era muy inteligente que digamos. Después de sus tres años en el ejército su trabajo fue ir a entrevistas de trabajo. El único trabajo que consiguió se lo dio Ismael, el Químico Loco, como repartidor de pizzas. A su padre también lo apodaban Quique, así que para distinguirlos los más viejos le llamaban Quiquito y a su papá Quique. Mientras que los más jóvenes le llamábamos a él Quique y a su papá don Quique. También le decían El Eléctrico porque desde chamaquito nunca se estaba quieto. Fue el quien corrió trece pisos arriba el día que apuñalearon a Ramón. Quique sabía de mecánica, buen percusionista de oído, pero de lo que más sabía era de armas. Sabía el manufacturero, el calibre y el alcance, de cada arma. El fue quien escogió las armas que el Terrible compró para defender el caserío. Juntos llegaron hasta una casona de dos plantas en las afueras de la ciudad con un enorme ventanal con puertas corredizas que daban a una amplia terraza. También se veían unos cuantos automóviles. Algunos lujosos, y otros no tanto. Entre ellos el mismo automóvil azul que trató de arroyar al Terrible. El había reconocido al hombre que se bajó del Lincoln negro durante la supuesta venta. Era el mismo alicate que iba cada mes de parte del Don para cobrarle la renta. Aquel a quien dijo: "dile a tu jefe que haga como ha dicho." Tan pronto detuvieron el carro Quique se bajó y comenzó a montar una M240 sobre una frazada en la capota del carro.

---Este clima está loco pal carajo ---comentaba mientras hacía lo suyo---. Cada año hay más huracanes. Cada año está más caliente. Esto ya se jodió ---añadió. Y comenzó a cantar una canción de esas que su padre escuchaba. "El mundo, el mundo se va a acabar. Con tanto hippy peludo, las jevas en mini faldas, no se quieren ni bañar..." El Terrible sacó una bazuca, o, según Quique, un "RPG". Yo personalmente no se la diferencia. En lo que a mi respecta, si te lo enganchas en el hombro para dispararlo es una bazuca. El proyectil entró por el ventanal estallando en la sala de la casa. Las alarmas de los carros comenzaron a sonar y los perros a ladrar. Quique arremetió con la ametralladora metiendo balas por cada puerta y ventana, y en cada auto estacionado. Más de trescientas en total. Recogieron todo, se montaron en el auto y se fueron. El Don sobrevivió el atentado. Pero estaba tan asustado que compró un pasaje y desapareció para siempre, dejando abandonado todo. Dos noches después Quique me pidió que lo acompañara a un sitio. Un buen susto que pasé, pues el loco me llevó hasta la casa del Don para que viera como había quedado, y allí mismo nos detuvo la policía. Y para completar él cabezón se puso a argumentar con ellos.

Luis sin saber que su hermano cambió de vehículo y se fue nuevamente, había subido hasta su apartamento. Ya era tarde. Su mujer y sus niños dormían. Solo Ramón permanecía en la penumbra del comedor. Aun cuando Ramón pesaba solo la mitad de lo que solía pesar, seguía siendo muy grande para que Yamileth lo moviera sola. Una noche, a pesar de que su esposo le había dicho que no se preocupara, ella trató de pasarlo del sillón de ruedas a la cama, y ambos terminaron en el suelo. Desde ese día ella mejor esperaba a que Luis lo acostara. El radio estaba prendido tocando unos discos compactos que contenían toda la Biblia, los cuales Luis había comprado aquel día cinco años atrás en que él y Yamileth se dieron su primer beso. Llevó a Ramón hasta su cuarto y lo acostó. Era tan largo que los pies la colgaban al final de la cama. Luis haló una silla y se sentó junto a él. Ramón estaba allí tendido, inmóvil como siempre. Con su vista perdida en la nada, y sin pronunciar sonido alguno, o hacer algo que pudiera evidenciar que aun permanecía conectado a este mundo. --- ¿Cómo llegamos hasta aquí? ---comenzó a decirle Luis---. Tiene que haber algo mejor que esto. Tiene que haber otra opción. Yo no quiero que mis hijos crezcan en este ambiente. Yo no quiero que mi hijo termine haciendo lo mismo que hago yo. Tiene que haber otro modo. Tiene que haber algo mejor.--- Luis se levantó, apagó la luz y salió del cuarto sin ver la lágrima que su hermano derramó. Solo su esposa, reconoció el rastro en la mejilla de Ramón la mañana siguiente. Luis fue al comedor a apagar el radio, y escucho: "Las cosas viejas pasaron. He aquí yo las hago nuevas."


Sin saber que su enemigo ya estaba con un boleto de avión en la mano y sin planes de regresar, El Terrible comenzó a prepararse para recibirlo, por si venía a desquitarse del tiroteo de la noche anterior. No se conformó con los muchachitos con radio que vigilaban los alrededores del caserío, sino que posteó grupos armados en los alrededores, que pudieran responder inmediatamente en caso de que la represalia resultara ser el típico tiroteo cobarde desde un auto en movimiento a toda velocidad por la avenida.

---Si los tipos son bravos de verdad van a venir a pie por el monte ---dijo, dando a entender en que grupo estaría él.

Un ragazzo de unos trece años se acercó a que le dieran un arma.

---Coge tu radio y vete. Tu estas muy chamaquito pa' esto ---le dijo Luis.

Uno de sus hermanos lo detuvo.

---Déjalo que ayude ---dijo, y le puso una pistola al niño en las manos---. En África muchachitos menores que él tiran tiros.

---Sí pendejo, pero esto no es África.

Su hermano simplemente lo ignoró y siguió hablando con el niño. Esto se usa así ---comenzó a decirle mientras le demostraba---. Le metes el peine, la chamboneas, le jalas el martillo, le pones el seguro, y ya está.

---No le hagas caso a este ---lo interrumpió Ismael mientras le quitaba la pistola de las manos al niño---. Un día de estos él mismo se va a volar los guevos de un tiro. Toma esto--- y le ofreció un M16, y el muchachito abrió los ojos como si acabara de descubrir los juguetes debajo del árbol en día de Navidad. ---Esto es lo más fácil que hay para disparar. Le metes el peine. Aquí esta el seguro. En semi dispara una sola bala cada vez que aprietes el gatillo, y en burst dispara tres. Y este botón aquí es para que suelte el peine. Si se te tranca, quítale el peine y jala esto aquí. Le metes el peine de nuevo... y listo. ¿Entendiste? Mantenla todo el tiempo en safe hasta que necesites disparar. Y si te veo jugando con ella y apuntándole a la gente te voy a abrir la cabeza de un coscorrón.

---Valla Papito. Pareces Tonny Montana con esa M16 ---le dijo Quique al niño mientras rebuscaba en el baúl del carro---. Déjame decirte como se usa esto--- y comenzó a explicarle como apuntar y disparar.

Todos actuaban como tíos enseñándole a algún sobrino como jugar algún deporte. Pero se trataba de ponerle un arma en las manos a un niño. Luis apenas soportó tanta falta de sentido común, pero ya sabía que no valdría de nada argumentar. Entonces se acercó y le dijo al muchacho: ---Si hay tiros no te quieras guillar de héroe. Busca donde cubrirte primero. Y si es la policía la que llega suelta el arma y todo lo que tengas y rompe a correr. No se te ocurra dispararle a la policía.

Los grupos quedaron divididos. Y comenzaron a pasar las horas. La lluvia de la noche anterior había cesado, pero el sol se negó a salir en todo el día. Luis, los Kanes, y otros tres estaban en el punto. El Terrible, Quique, Maelo y otros cuatro estaban velando hacía el monte. Y otros cinco grupos como de cinco hombres cada uno estaba repartidos por el resto del caserío. Ismael se había unido al grupo del Terrible sin darse cuenta en realidad, envuelto en su conversación.

--- ¿Biometric? Pescuezo, tú has estado viendo mucha televisión ---le decía Quique.

---Míralo aquí en el periódico, pendejo ---le respondió Maelo ya algo agitado, y comenzó a leer del periódico---; "El congreso aprobó el uso de la nuevas tarjetas inteligentes el pasado lunes, y su uso será implantado en las agencias del gobierno incluyendo los programas de Seguro Social, Asistencia Social...

--- ¿Y qué con eso? ---le interrumpió el Terrible ya medio cansado del tema.

---Si nos quedamos si cocaína siempre podemos vender pastillas o cualquier otra cosa. La gente se va a meter lo que haya, así sea el de'o. Pero esto significa la desaparición del dinero. Todo va a ser electrónico. Y no hay manera de que un negocio como este pueda funcionar. Si la gente solo puede pagar con dinero electrónico, solo pueden comprar en negocios legítimos que son los únicos que pueden contar con dicho sistema.

El cómo hacer que el dinero producto de lo ilícito pareciera ser lícito siempre fue la preocupación de todo narcotraficante, grande o pequeño. El Terrible invirtió varios millones, según oí decir una vez, en un negoció, para poder lavar dinero. Una construcción o algo así. Pero después de terminado el proyecto, los dos individuos con los cuales había hecho la inversión no quisieron darle un centavo. "Tampoco ustedes van a disfrutar de ese dinero", les advirtió Luis Raúl. A uno de ellos, respetable padre de familia, lo encontraron en un solar abandonando amordazado en el baúl de su auto donde Quique lo había dejado después de darle un tiro en la cabeza. La historia del otro nunca la escuché, pero, imagino que corrió similar suerte.

---Pues. Solo tendríamos que crear una compañía o un negocio y usarlo de frente--le contestó uno.

---Una guagüita de vender tripletas ---añadió Quique.

---Sí. Claro. Una guagüita de tripletas que genera más de un millón y medio al año ---continuó Ismael---. Pero el caso es que para montar un negocio pantalla con todas las de la ley; registrarlo, sacar todos los permisos, y todo lo demás, implica que al final el gobierno va a saber hasta el número de estrías que tiene en el culo él que trate de hacerlo. A ti te están buscando ---le dijo a Luis Raúl---. Tú no puedes ni ir al correo a comprar un sello. Supongamos que voy yo a tratar de montar el negocio. Lo primero que verán es un tipo de caserío con un bachillerato en educación y que actualmente está desempleado. Tu no crees que levantaría sospechas si un tipo así viene de la nada a montar una clínica de cirugía plástica, o una cadena de restaurantes o cualquier otro negocio capaz de generar millón y medio.

---Hay un millón de negocios que puedes hacer aunque para el record seas un pelao. Puedes coger un préstamo o una de esas ayudas para pequeños negocios, y así legitimarlo...

---Pero eso implicaría más monitoreo de lo que haces.

--- ¿Entonces el dinero va a dejar de tener valor? ---le pregunta Quique---. ¿Si yo tengo cien mil pesos escondidos no voy a poder comprar nada pues solo se aceptará dinero electrónico? ¿No?

---Bueno, no creo que eso pase de la noche a la mañana. Talvez pasen par de años. Pero con el tiempo será así ---le respondió Ismael.

---Pues mejor empiezo a gastar ahora.--- Permanecieron todos callado por un instante, y Quique entonces preguntó: --- ¿Y qué es eso de dinero electrónico?

---Coño Quique, tu estas pasa'o ---comenzaron a decir los demás---. Media hora argumentando y ni sabía de que rayos estaban hablando.

---Yo se lo que es. Lo que estoy es corriéndole la máquina a este....

---"¡Agua!" ---dijo alguien por la radio.

--- ¿Qué dijo? ---pregunto uno. Y antes que alguien contestara se escucho el silbido a lo lejos que avisaba que venía la policía. Todos escondieron las armas y comenzó cada cual a correr por su camino. Lo mismo hicieron en el punto, Luis y sus hermanos. Los Kanes subieron para su apartamento, pero Luis prefirió estar en su hogar, pero por allí era que estaba entrando la policía. Papito espantado fue el último en reaccionar. Soltó el rifle como le había dicho Luis que hiciera y comenzó a correr. Luis lo vio viniendo por la derecha cuando se disponía a cruzar para su edificio. Los cargadores que Papito traía en el pantalón le molestaban para correr, así que metió las manos en sus bolsillos y al sacarlas se escuchó un disparo. El niño calló de rodillas mientras veía como su camiseta se teñía de rojo. El mismo policía que le había disparado lo esposó ya estando tirado boca abajo. Y los demás policías entre ellos dos mujeres se acercaron y empezaron a patearle. Luis les gritó y enseguida le apuntaron y le ordenaron que se tirara al piso. Mientras lo esposaban y rebuscaban, veía a Papito, y este a su vez lo miraba. Estaba temblando y llorando. Levantaron a Luis y lo metieron en una patrulla. ---En aquel momento reviví la muerte de Rafaelito ---me dijo cuando me contaba. Él solo decía llorando de rabia: ---"Puñeta, llamen una ambulancia."--- El cielo derramó una suave llovizna. Luis miraba al niño tirado en el suelo desde el interior de la patrulla. Al poco rato apareció la madre del niño. Corrió hasta donde estaba su hijo tirado y lo tomó en sus brazos. Lo llamaba pero su niño no respondía. --- ¡Ay! ¡Dios mío! ---gritaba la mujer. Pero desde el cielo solo descendió lluvia. La policía finalmente logró remover la mujer de la escena. El hermanito de Papito de cinco y su hermanita de siete lloraban pues al ver a su mamá cubierta con la sangre de su hermano pensaban que ella también estaba herida. Certificaron la muerte del menor Miguel Ángel Gracia Rivero. La causa de la muerte desangramiento tras recibir un disparo de rifle AR-15 con entrada en la espalda y salida en el área abdominal. Luis fue dejado libre sin que se le radicara cargo alguno. Cuando regresó a su casa Yamileth estaba en la ducha. El se desvistió y entró al baño. Y la amó como si fuera la última oportunidad. Como si esa noche se fuera a acabar el mundo.

Capítulo 4

Esto no es una publicación oficial de la Iglesia Adventista de Séptimo Día, ni pretende representar el sentir oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ni de ninguna otra organización religiosa. Todo el contenido es responsabilidad del autor; Víctor M. Monsanto Ortega.

La Biblia Online